El 15M avanza con paso firme tras cumplir un año

Juanjo Cerero / Jesús Rodríguez / Gregorio Verdugo | La Sevilla eternamente barroca, la que implanta la carrera oficial en su Semana Santa, la que canoniza a San Fernando y lo hace patrón de la ciudad, aquella que se decanta, ante las disputas entre franciscanos y dominicos, por las Inmaculadas de Martínez Montañés y de Murillo, es un dicho recurrente en boca de quienes la adulan.

Pero a los motivos históricos y de tradición artística, monumental, propiamente urbana, hay que añadirle otros más intrínsecos al alma y al ser profundo de una ciudad que sólo conoce quien la vive o la sufre, que es otra manera de sentirla y, por tanto, de amarla. Así es el alma sevillana: siempre cerrándose sobre sí misma en círculos cada vez más concéntricos. Más que por las tallas de imagen, por los frontispicios de las iglesias y los palacios, más que por ese carácter magnificente de la ciudad que llega al nivel de lo exagerado o por ese claroscuro continuo que sume al paseante en una infinita sorpresa, Sevilla es barroca por sus singulares habitantes, expertos en la tradición de convertir la más rizada de las volutas en una mera anécdota y, al mismo tiempo, escenificar una pose hasta el histrionismo y convertir la tramoya, el puro artificio, en la más genuina y auténtica de las realidades. Sevilla siempre en sí misma, pero nunca para sí misma.

El 27 de marzo del año 2011, tras casi cuatro años de retraso, el entonces alcalde de Sevilla, Alfredo Sánchez Monteseirín, inauguró el Metropol Parasol (las conocidas como “setas” de la Encarnación) entre expectativas, tanto oficiales como entre los propios sevillanos, de que la nueva Plaza Mayor se convirtiera en el flamante epicentro de la vida callejera de la ciudad.

Lo que tardó cuatro años más de la cuenta en levantarse y costó bastantes millones de euros más de lo previsto, un símbolo del dispendio de los años de grandes proyectos y la megalomanía que enladrillaron este país, se convirtió finalmente en el corazón de la urbe gracias a los miles de sevillanos que, tarde sí y tarde también durante casi un mes, abarrotaron la plaza y las escalinatas, aunque no precisamente en la forma y con el objetivo que más hubieran querido los gobernantes hispalenses.

Igual que en aquella Sevilla del siglo XVII que menospreció a la corte para alabanza de los aldeanos, de pronto y sin aviso previo, decenas de miles de sevillanos se lanzaron a la calle la tórrida tarde del 15 mayo de 2011, al compás de otras muchas ciudades de España, y ocuparon las escalinatas y todo el entorno urbano del fastuoso Metropol Parasol. La plaza fue bautizada “Plaza de Mayo” por quienes hicieron de ella su casa, como símbolo inequívoco de conquista popular. Les bastó para ello tapar una ere sobrante e intermediar la preposición “de” entre las dos palabras que conforman su nombre.

Como hongos bajo las setas que tardaron años en izarse, miles de moradores de la ciudad brotaron de la nada para, clamando por su dignidad y contra esta crisis que consideran una estafa, echar abajo el sambenito impuesto por cierto columnista local, que persiste en tachar a Sevilla de ciudad “tragona” y “cobarde”.

Al igual que cuando el nacimiento del barroco, la ciudad y todo el país estaban sumidas en una profunda crisis, que luego ahondaría con el transcurso del tiempo, y que desembocaría entonces en el motín de la calle Feria, en 1652, por la escasez y el alto precio del pan y ahora en el renacer de un movimiento ciudadano que exige más democracia y participación en las decisiones que gobiernan sus vidas, ante la manifiesta e interesada ineptitud de sus dirigentes políticos.

La plaza de tu ciudad como centro del mundo

La brecha abierta por la quiebra de Lehman Brothers el 15 de septiembre de 2008 fue doble. En primer lugar, dio pistoletazo de salida al caballo desbocado de la crisis de las hipotecas subprime, cuyos largos tentáculos llegan hasta nuestra crisis de deuda actual. Por otra parte, fue una de las primeras señales evidentes de que la distancia entre la ciudadanía occidental y la élite económica –y también política- era mucho mayor de lo que hasta entonces se pensaba.

Esta segunda brecha abierta entre el statu quo político-económico y la mayor parte de los ciudadanos de a pie se vio agrandada en 2011 a costa del escándalo Cablegate. En ese momento, la crisis de las hipotecas subprime había movido su foco desde Estados Unidos a Europa y empezaba a ser llamada “crisis de deuda soberana”.

La organización Wikileaks, creada por Julian Assange en octubre de 2006, había estado desclasificando información secreta relacionada con actuaciones del ejército estadounidense a lo largo de 2010 tanto en Iraq como en Guantánamo. Sin embargo, el mayor escándalo se desató el 1 de septiembre de 2011: la clave para descifrar un enorme archivo con cables secretos del Departamento de Estado de los Estados Unidos fue puesta en conocimiento del público. Era cada vez más claro que el dinero y el poder estaban –y habían estado durante muchos años- jugando a un juego en el que ningún ciudadano corriente fue invitado a participar. Al menos así ocurrió en España.

En Grecia, acosada por el fantasma de la quiebra desde la llegada al poder de Papandreou en octubre de 2009, los mercados –y, a través de los medios, todos los demás- tuvieron la oportunidad de tener su primer “campo de pruebas” para las políticas de austeridad. Fitch, Standard&Poors y Moody’s atacaron sin piedad a la deuda griega durante todo ese año, y la respuesta fue un plan de reducción del déficit que a su vez negaba la capacidad de movimiento del gobierno griego.

El nuevo plan para 2010 contenía medidas que llegaron poco tiempo después también a España, de la mano de un José Luis Rodríguez Zapatero que siempre afirmó estar haciendo lo que tenía que hacer, calificando sus medidas de “imprescindibles”. La congelación de las pensiones, el aumento de la edad de jubilación, el recorte del 5% al sueldo de los funcionarios o la cancelación del cheque-bebé fueron algunas de ellas. Por supuesto, esto acabaría por costarle unas elecciones generales y el mayor descalabro de la historia de su partido.

Pero aún falta el tercer puntal para comprender de dónde surge el 15-M: Internet. El caso de Wikileaks había puesto a Internet en el punto de mira de la élite político-económica mundial, siempre tan celosa de sus secretos y queriendo hacerlo todo marcando sus propios tiempos.

Por otra parte, los ciudadanos habían comenzado a entender que las redes sociales podían ser un instrumento valioso de distribución de información fuera de los canales oficiales o habituales. Una tercera brecha se abrió entonces entre la ciudadanía y los medios de comunicación; una brecha basada en una crisis de confianza, de la misma manera que ya había sido abierta con el sistema político, y que hasta ahora no se ha resuelto –ni hay visos de que lo haga en un futuro próximo-. El cóctel sólo necesitaba un poco de pólvora. Y vaya si la tuvo.

La serie de revoluciones democráticas conocidas como Primavera Árabe comienzan en 2010 con las revueltas en el Sáhara Occidental durante el mes de octubre y la posterior revolución tunecina. Dos de los que serían grandes símbolos del movimiento 15-M son herencia directa de las revoluciones árabes: la concentración en plazas como la de Tahrir en El Cairo durante la revolución egipcia contra el Gobierno de Hosni Mubarak y el uso de Internet como medio primordial de difusión de información y también de actuación.

A las ya mencionadas redes sociales, especialmente Twitter, se sumaron como “armas” la susodicha Wikileaks y el grupo Anonymous, que ya se había encargado en 2008 de ataques contra importantes webs como la de la compañía de tarjetas de crédito VISA o PayPal por su negativa a admitir donaciones para financiar a la fundación de Assange.

Desde ese momento, no ha sido raro ver máscaras de Guy Fawkes en las múltiples concentraciones del 15-M a lo largo y ancho del país. Mubarak dimitirá el 11 de febrero de 2011 cediendo el poder a sus Fuerzas Armadas y a Omar Suleiman, en una victoria ciudadana que todavía no sabemos si fue o no definitiva.

Todas las fichas estaban ya dispuestas para jugar. En España se acercaban las elecciones municipales, programadas para el 22 de mayo de 2011. Múltiples organizaciones llevaban varios meses preparando protestas y reivindicaciones debido a la situación del país; la mayoría de ellas relacionadas con los jóvenes y/o estudiantes, algo comprensible en un Estado que a día de hoy supera el 51% de paro juvenil. Algunas de estas organizaciones fueron Juventud Sin FuturoEstado del MalestarDemocracia Real Ya!, que fue la convocante oficial de la primera manifestación del 15-M.

En Sevilla, el 8 de abril de 2011 se presentó la Plataforma Ciudadana de Alternativas a la Crisis, de la que formaban parte diversos colectivos como asociaciones contra la pobreza, pro derechos humanos o a favor de la igualdad y justicia social. El debate en asamblea de la serie de propuestas (incluida un manifiesto) que presentaron se volvería el modus operandi habitual de las múltiples y diversas asambleas que se irían formando al calor del 15-M.

Sevilla incluso tendría la oportunidad de tener su propia Plaza Tahrir: el emblema arquitectónico de la protesta sevillana, las Setas de la Encarnación. Fue entonces cuando la Plaza Mayor acabó por sufrir un sutil cambio de nombre y pasó a ser la Plaza de Mayo.

De pedir el voto para una estatua del pueblo al 15M

Todo acervo de vida necesita de un abono para brotar ante el mundo. El 15M en Sevilla, por mucho que surgiera de pronto, también fue germinando poco a poco a través de diferentes colectivos e iniciativas durante los meses previos al día en el que la multitud tomó las calles.

Ángel Montero es uno de los cada vez más escasos vecinos del cercano pueblo de Camas que tiene trabajo. Colabora de forma habitual en la asamblea local, en la coordinadora de barrios y pueblos y en las actividades de Democracia Real Ya de Sevilla. Su actividad dentro del movimiento o en torno a él se remonta a antes de la primera manifestación, “sobre el 11 de marzo de 2011”.

Ángel relata “los inicios del 15M, tal y como yo los viví, a través de la plataforma Estado del Malestar”, uno de los variados pequeños colectivos que, desde finales de 2010, al albor de las filtraciones de cables de Wikileaks y de la acción en red de otros grupos como Anonymous, fueron surgiendo como forma de respuesta y organizados a través de Internet y, sobre todo, las redes sociales.

Ángel

Estado del Malestar, “una plataforma de personas que sabían que esto no era una crisis, que era un robo que venía desde los problemas de la banca de los Estados Unidos”, comenzó sus acciones en la ciudad “con concentraciones todos los viernes frente al Ayuntamiento de Sevilla”. Estas protestas “se empezaron a extender por todas las ciudades y había Estado del Malestar en casi todas las ciudades de España”.

A través de la misma plataforma entró también Nieves, una auxiliar administrativo en paro paisana de Ángel. Ella afirma que llegó porque “un amigo me comentó que había una concentración en el Ayuntamiento de Sevilla y fui a ver de qué se trataba, y vi que era gente protestando contra la situación, contra la crisis, que no se la creían”.

Según Ángel, “después de la manifestación de Jóvenes Sin Futuro en Madrid y del éxito de su convocatoria, grupos como Estado del Malestar y Democracia Real Ya! empiezan a trabajar y a preparar la manifestación del 15 de mayo”.

Democracia Real Ya! (DRY), otro de estos pequeños grupos de carácter acéfalo gestados al albor de Internet y las redes, fue el convocante principal de la manifestación del 15M. A través de esa convocatoria, de la acción de un colectivo, muchas personas ajenas a éstos se unieron a la protesta. Así sucedió con Francisco Javier, estudiante de Ingeniería Industrial en la Universidad de Sevilla, quien explica que “vi un cartel en la facultad con la clásica consigna: “Democracia Real Ya!, no somos mercancía en manos de políticos y banqueros”, y era algo tan evidente que me llamó, y vine a la primera manifestación”.

José Ignacio Aguilar

También hubo adhesiones a la manifestación desde ámbitos diversos. A José Ignacio Aguilar, abogado de 57 años, el movimiento lo sorprendió durante “una semana de lucha que organizó Barrios en Lucha. “Estábamos en un momento de especial actividad y el 15M se cruzó en nuestro camino”, relata.

Federico Noriega, empleado de banca de 53 años y veterano activista en movimientos sociales y sindicales de Sevilla, considera “normal” la reunión de todos estos pequeños grupos dentro del movimiento. “Viniendo ya de una lucha social, cuando surge el 15M de forma automática te involucras en él porque ves una posibilidad de reactivar toda la ciudadanía que parecía que hasta ese momento estaba un poco dormida”, asegura.

Es lo mismo que, expresado en otras palabras más llanas y sentidas, asevera Adela Morales, bióloga investigadora de 27 años que también participaba en Estado del Malestar, y que confiesa que para ella el 15M “ha significado venir de otras manifestaciones, de otros movimientos, ha supuesto reclamar lo que nos pertenece y hacerlo de una manera real, no sentados, como muchas veces lo hemos hecho, sino realmente en la calle, con la gente y acercándonos a la realidad”.

Jesús es un desempleado de 25 años que se integró desde el primer momento en la asamblea de Triana. “Fui a la primera manifestación y conocí a algunos de los integrantes de Democracia Real Ya y comencé a formar parte de la comisión de laboral”. A raíz de ello, amplió progresivamente su participación en otros proyectos de investigación social sobre el barrio, en la comisión de internacional y en el del banco de tiempo.

Juanjo, un economista de 32 años vecino del mismo barrio y nacido en Almería, a pesar de que no asistió a la primera manifestación, se enteró de las actividades que se estaban desarrollando en Triana y acabó por integrarse en la comisión una vez se deshizo la acampada en las setas. A partir de ahí, participa en un taller sobre economía que tuvo un “relativo éxito entre la gente” y, en su calidad de animador sociocultural, aporta lo que puede en metodología y asamblearismo.

Juanjo

Macarena, educadora de 34 años de la asamblea de San Jerónimo, cuenta que acudió a la primera manifestación y “me enganché”. Fue un par de tardes a la acampada de las setas con su hija y se integró en las actividades y las charlas. Por aquel tiempo se acaba de mudar y casi no conocía a nadie en el barrio. El 15M le propició conocer gente y formar parte de un grupo con el que viene trabajando desde entonces.

Pero no sólo desde la misma capital hispalense se sumaron grupos. También desde la provincia. Sergio Gallego, licenciado en Historia del Arte e integrante de la asamblea de Montequinto, un barrio de la localidad sevillana de Dos Hermanas, llegó a los inicios del movimiento y se integró de inmediato en las acampadas. Desde entonces está entregado en la “lucha brutal” por impedir el cierre de la Residencia de grandes dependientes de su barrio, “la mejor que hay en toda Andalucía”, con 150 residentes y 100 plazas libres. Incluso se encerró en ella durante 8 días como protesta.

De igual forma, María Fernández, profesora de secundaria de Alcalá de Guadaíra de 34 años, cuenta que llegó al 15M desde El Pato del Duque, una iniciativa local que pedía a los ciudadanos votar por una fuente de su localidad en lugar de a los partidos políticos que se habían presentado a las elecciones. Ahora colabora asiduamente en la asamblea de su pueblo y ayuda a coordinar las acciones con las de Sevilla.

El camino se hace al andar

Ha sido un mal año de cosecha. Tras la efervescencia del 15M en la primavera pasada, el calor del verano aplacó los ánimos, el movimiento y las voces hasta someterlos al silencio tan sólo roto por el canto cansino de las chicharras.

Luego llegó el otoño con la calor arrastrándose perezosa a lo largo del calendario, hasta noviembre. Entre medio, otra manifestación multitudinaria, la del 15 de Octubre, que ayudó a retomar la calle aún fulgurante bajo el sol impertérrito que no dejó lugar más que a un puñado de lluvia, el mismo que durante todo un invierno ruin, de aire viciado por la polución, de ambiente asfixiante por culpa de una crisis ante la que cuatro gotas no han bastado para mantener vivos los champiñones bajo las setas.

En los pueblos de la Campiña de Sevilla hay un refrán, referido al trigo y a las lluvias, que reza que “en marzo, como lo pillo lo alzo”. Los trigales de la Campiña y el Aljarafe aparecen mustios, apenas cubiertos por unas espigas macilentas y raquíticas que no reflejan los rayos del sol sino la podredumbre general de estos días que ni siquiera tienen la tibieza que acostumbra a traer la incipiente primavera sevillana.

Durante su primer año, el 15M en Sevilla ha tenido que luchar contra el desierto en que cada verano se convierte la ciudad, contra el olvido y la apatía y el miedo y los brazos caídos, los frutos de esta crisis creciente que se recrudece con cada día que pasa, con cada hora que transcurre y con cada nuevo titular que anuncia un repunte de la prima de riesgo, una subida del paro, una declaración de algún dirigente extranjero que deje entrever el acoso a la economía española.

Después de toda esta tempestad, esta tormenta perfecta de todos los elementos contra los ciudadanos, en los cuarteles de invierno resisten parapetados algunos soldados inmunes a la adversidad galopante, siempre fieles al movimiento y a todo lo que éste implica: las acciones, la concienciación, la protesta, las personas.

Muchos coinciden en destacar este desarrollo decreciente de los implicados con el 15M en Sevilla, esas “distintas fases” de las que habla Juanjo, el economista almeriense integrante de la asamblea de Triana-Los Remedios. Según recuerda, aunque “las primeras convocatorias fueron muy exitosas, la época de verano fue una época un poco mala, porque hubo mucha desmovilización”.

Desde Alcalá, con una visión más metropolitana, coincide con él María Fernández al hablar de que “la evolución ha sido un poquito desigual, ha tenido muchos altibajos”. “Desde nuestra localidad”, afirma, “lo que hemos visto es que empezamos en un momento muy fuerte, con una gran cantidad de personas y muchísimas ganas de trabajar y de intentar hacer algo para cambiar la situación general que se estaba viviendo, pero luego esas ganas han ido decayendo poco a poco y nos hemos ido quedando un número de personas mucho más reducido”. Eso sí, la actividad se ha multiplicado en intensidad y ha supuesto un valioso aprendizaje. “Estamos llevando muchísima más tarea”, relata y “hemos aprendido a manejarnos en el modelo asambleario y a organizarnos con Sevilla en las acciones, incluso tenemos una moneda local que se llama La Pepa“.

María Fernández

Para José Ignacio Aguilar “es cierto que la efervescencia del movimiento ha bajado”, aunque lo considera algo “normal”, pues “no se puede mantener una efervescencia como la que mantuvimos durante aquellas dos o tres semanas del año pasado”. Sin embargo, su valoración más positiva recae sobre “las sinergias muy fuertes que se han creado” y el que “hemos aumentado mucho nuestro grado de confianza mutua, porque hemos tenido oportunidad de mirarnos a la cara y de entendernos”.

También le quita hierro a este aspecto Sergio Gallego, de la asamblea del barrio de Montequinto, en Dos Hermanas, quien también destaca las “fases” que ha tenido el movimiento y entiende como “una locura” el hecho de que en su distrito “las primeras asambleas eran de ciento y pico personas”. Sergio relata que, “por el tiempo y porque la gente busca resultados a corto plazo y no a largo plazo”, este volumen de gente “fue decreciendo y ahora mismo se ha estabilizado”.

No obstante, su postura no es en absoluto pesimista, sino todo lo contrario. La estabilidad y el crecimiento “poco a poco, como se consiguen las cosas en la sociedad”, son, para él, las claves. “En la asamblea de Montequinto”, cuenta, “tenemos 30 ó 35 personas”, además de que “en este último tramo del momento económico y social que vivimos, en el que ha habido más recortes, se ha dado un repunte de personas en la asistencia a las asambleas”.

Hablar con Sergio es conversar con el entusiasmo que brilla en sus ojos y se asoma en una incipiente sonrisa a punto de brotar en sus labios, los mismos que pronuncian con optimismo que “también confiamos en que el movimiento va a crecer”.

Federico Noriega

La esperanza con la que pronuncia ese deseo es la misma con la que todos analizan la realidad actual del movimiento. A pesar de la sinceridad con la que coinciden en narrar los altibajos y las piedras en el camino del 15M de Sevilla, o quizá precisamente por esa sinceridad, también hay un consenso espontáneo en que el primer año ha sido “muy positivo y además natural”, como sostiene sin dudas Federico Noriega. “Después de los momentos de efervescencia”, explica, “pueden ocurrir dos cosas: o que la efervescencia se pierde totalmente y el movimiento queda como algo histórico, o lo que ha ocurrido, que de alguna manera ha desaparecido parcialmente del escenario público, porque aunque ha habido durante el año algunas grandes manifestaciones, el resto del tiempo parecía a ojos de los medios de comunicación que no existía”.

Sin embargo, pese a este letargo, agonía y muerte pregonada a través del silencio y el olvido, Federico asegura que “la verdad es que el esqueleto se ha ido construyendo en base a las asambleas locales, a las asambleas de pueblos, a las asambleas de barrio, de acciones concretas aunque fueran pequeñas; se ha ido construyendo por donde no se ve, que suele ser siempre por la raíz, por donde, igual que un árbol, se endurece un movimiento”. De hecho, para él “lo más positivo es que estos movimientos se construyan así, por debajo lentamente”.

Desde la manifestación del 15 de Octubre, que en Sevilla fue el último de los grandes encuentros en las calles, la opinión general de los medios de comunicación, como afirma Federico, es la de que el 15M se encuentra debilitado, apagado, desactivado, muerto. Nada más lejos de la postura de Ángel Montero, de Camas, que piensa que “no está apagado, es totalmente lo contrario, estamos trabajando muchísimo en los barrios y en los pueblos”, y lo corrobora José Ignacio cuando afirma, sin disimular su alegría, que “todo sigue vivo, todo sigue en actividad”.

Modelar el movimiento mediante los actos

El trabajo y la actividad constantes desde su nacimiento es lo que ha mantenido vivo al 15M en Sevilla durante todo el invierno, como un cuerpo que, a pesar del cansancio, se mueve sin cesar para calentarse y no perecer de frío en mitad del hielo. José Ignacio tiene claro que “ése es el gran valor”. “Valoro que este año lo hemos pasado trabajando, peleando”, asegura.

Él mismo, como muchas personas, entró a formar parte del movimiento gracias a su anterior implicación en otras iniciativas y colectivos relacionados con la vivienda. “La gente que estábamos en Barrios En Lucha nos pusimos a disposición de las estructuras que iba creando el 15M, las asambleas de barrio, y tuvimos claro que ahí era donde había que estar”, relata.

No obstante, no todos los que están inmersos en tareas dentro del 15M de Sevilla vienen de un colectivo previo, sino que ésta constituye su primera experiencia en un movimiento de protesta y de acción social. Juanjo, de Triana, destaca como “un éxito rotundo” del 15M en este año el hecho de que “una generación que hasta ahora no había participado o no se había planteado cuestiones políticas por el pasotismo que hay ha empezado a plantearse el tema de la participación política”.

Según él, “durante los años 90 y los primeros 2000 la gente se desmovilizó por completo con el boom económico del ladrillo, la gente se pensó que ya no había que preocuparse de la política y hemos visto que no, que hay que seguir preocupándose y hay que seguir implicándose y participando”. Para él, lo imprescindible para articular esta participación es “crear foros ciudadanos de dimensión vecinal en los barrios, que se estén manteniendo en el tiempo, que haya gente implicada y que se esté trabajando en varias líneas”.

Macarena

Macarena, la educadora del barrio sevillano de San Jerónimo, encarna estas dos consecuciones del 15M de Sevilla en su primer año: la de la movilización y la de la creación de asambleas de barrios. Ella ha vivido en todo este tiempo transcurrido desde entonces “un cambio tremendo, porque empezamos aquí en las setas con las actividades y después la lucha se llevó a los barrios”.

Similares circunstancias fueron las que llevaron a Jesús, de 25 años, a formar parte de la asamblea y la comisión laboral de su barrio, “cuando empezó la asamblea en Triana, a partir de principios de junio”. Su labor dentro de esta comisión, como el movimiento en sí, ha experimentado una evolución durante este año. “En aquel momento”, explica, “era llevar a los centros de trabajo la propaganda del movimiento, todos los temas que había sobre las cuestiones laborales, sobre la lucha contra el desempleo, acercarlos tanto a los parados como a los trabajadores, y animar a formar asambleas en sus centros de trabajo”. Aunque admite que “eso realmente no se consiguió de primera”, por lo que “después pasamos más a una parte de difusión, de empoderamiento, que la gente conociera”.

Ésta es la tarea que, a título personal, se ha impuesto Francisco Javier, para quien, “más que indignación”, pertenecer al 15M de Sevilla es “ganas de querer levantar algo, alternativas, propuestas”. Cuando explica su labor, afirma que “más que nada es difusión, coger conciencia individual, propia, tratar de difundirla o contagiar al máximo de gente posible”. En definitiva, un cuestionamiento permanente del modelo social. Justo ése es el fruto del trabajo de todo un año que destaca Jesús: “la gente cada vez está tomando más conciencia de sus derechos laborales, intentando ejercerlos más dentro de la coyuntura que tenemos”.

Adela Morales

Gracias a este esfuerzo de sensibilización, a estas “ganas de acercarse a todo el mundo, porque esto es algo de todos al fin y al cabo”, como resume Adela, el 15M de Sevilla ha adquirido una virtud que casi todos resaltan de forma unánime: el carácter abierto e inclusivo, la diversidad, el compañerismo o, como explica Federico Noriega, “la capacidad de agrupar a gente con diversidad de opiniones, ideologías, edades, incluso clases sociales”. Gente que, como dice Juanjo, “durante muchos años no ha tenido puntos de encuentro, pues el hecho de que en principio el movimiento fuera apartidista, sin banderas, facilitó que muchos colectivos que no tenían un nivel de articulación importante entre ellos hayan empezado a articularse”.

Así se sintió María Fernández una vez que se produjo la eclosión del 15M. “Hasta el 15 de mayo del año pasado”, confiesa, “yo no había encontrado ningún movimiento social, ningún partido político, ningún sindicato que me sirviera como representación a lo que yo sentía, a lo que yo pensaba”, pero a partir entonces, “cuando empezó esto como movimiento social apartidista y asindical, que propugnaba una serie de cosas muy generales pero muy básicas, me pareció que era el sitio adonde yo tenía que estar y hacia donde yo tenía que encauzar mis esfuerzos. Y en eso estoy”, ratifica con decisión. El 15M entendido como elemento integrador, como vertebrador de un modelo diferente que no se sabe dónde acabará, pero que se va definiendo con cada paso, con cada nueva acción, y que tiene muy claro qué es lo que no quiere ser; algo que le resulte inútil a la gente que lo compone.

El esfuerzo por ordenar lo dispar

No obstante, esa “heterogeneidad”, que para Sergio Gallego es “el gran tesoro del movimiento”, pues sostiene que “es increíble cómo en un movimiento como este te puedes encontrar a personas mayores, de 60 o 70 años, conviviendo y creando debates intergeneracionales con personas de 20 años”, supone un problema para otros miembros. Para Jesús, de Triana, éste es el origen del principal escollo interno del movimiento, la desorganización, pues considera que, “al ser tan inclusivo y tan de base, lo que falla muchas veces es la coordinación. El traspasar las fronteras locales”.

Juanjo comparte la visión de su compañero de asamblea al afirmar que “el hecho de contar con tantas personas de un origen tan heterogéneo, gente con mucho nivel de participación de muchos años y gente con muy poca o nada de experiencia, eso ha generado problemas”. “Ahí”, prosigue, “se ve una diferencia a la hora de afrontar la problemática generacional, de gente que no tiene experiencia y otra que tiene mucha y con unos discursos muy interiorizados, y eso ha generado dificultades a la hora de articular todo el trabajo”.

La de la organización del movimiento, de las asambleas, las comisiones y todo el trabajo en general es una cuestión peliaguda que suele constituir el centro de la autocrítica de los miembros del 15M en Sevilla. Juanjo cree que es necesario que exista un orden interno para el buen funcionamiento del movimiento, pues “siendo movimientos locales y tan atomizados como somos y con un estructura pequeña, si queremos actuar y tener cierta repercusión y cierta transformación en lo que es más allá de Sevilla o de nuestro barrio, pues tenemos que articularnos”.

Los fallos en la coordinación afectan a diversos aspectos del movimiento, sobre todo en la planificación y ejecución de los trabajos. María Fernández y Adela Morales coinciden al destacar “la lentitud al llevar a cabo las acciones” y “para tomar las decisiones”, mientras que Federico Noriega lamenta “la incapacidad que hasta ahora ha tenido el 15M de Sevilla para convertirse no en un movimiento tan disperso, sino en una organización”, aunque aclara que “no digo un partido, sino una organización con una capacidad de transformar en la práctica”.

Por su parte, en relación con las acciones, José Ignacio Aguilar pone de relieve que “todavía no se ha aclarado si tiene que ser una especie de movimiento único universal, capaz de encarar todos los problemas que la vida nos pone por delante, o si debe centrarse fundamentalmente en las perspectivas políticas, de construcción de un nuevo paradigma social diferente del actual”, y plantea que “el movimiento no puede estar en todo” y que “la esencia se tendría que centrar en crear ese nuevo paradigma de sociedad y quizás en algunos aspectos de la crisis que son especialmente relevantes, como por ejemplo el de la vivienda”.

La horizontalidad -y la consiguiente falta de estructura-, el rasgo más característico de todo el 15M desde el inicio de las acampadas y, con ellas, las asambleas, es por tanto otro de los aspectos que más destacan como virtud los miembros del movimiento, si bien también deviene en problemas con facilidad. Amén de la consabida lentitud en las propuestas, la toma de decisiones y la ejecución de acciones, se suma, en opinión de Juanjo, que “han surgido muchas comisiones y muchos grupos, muchas individualidades que van un poco por libre”. Aunque entiende que “eso tiene su ventaja porque la gente que tiene un ritmo superior de activismo es capaz de hacer más cosas que otros”, por otra parte “tiene el inconveniente de que a veces se apuesta por cosas que no tienen el suficiente respaldo de la gente y eso nos lleva a cierto fracaso”, ya que “la gente no entiende por qué se hacen cosas que no les parecen bien; se creen que no se ha contado con ellos cuando estamos partiendo de un movimiento que es horizontal”.

Jesús, junto a sus compañeros de la asamblea de Triana, durante la manifestación del 12 de Mayo

A pesar de todos estos contratiempos, la autocrítica de cualquiera que, como ellos, lleva un año entero inmerso en el 15M de Sevilla es la de quien no sólo ve los defectos, sino que, ante todo, conoce los puntos fuertes del movimiento. Francisco Javier es consciente de estos fallos, pero pone el acento en que “ya hay más cohesión, ya está mejor entrelazado, están mejor tejidas las redes dentro del 15M”, y expone su visión de éste con una teoría sacada de su campo de estudios: “hace poco, un amigo me definió el movimiento como electrones que, cuando se les aplica un campo electromagnético, todos se mueven en la misma dirección”. Por eso argumenta que “aunque no hay una coordinación aparente y no esté bien definido, todos sabemos lo que queremos”.

Quizá quien mejor resume el sentir general respecto de la evolución del movimiento y todos sus problemas es Jesús. Desde su punto de vista, “la impresión general es buena, pero por otro lado las cosas van muy lentas, quizás, porque la cuestión es que el mes de mayo y el mes de junio fueron meses de muchísima animación que todo iba muy rápido y luego con el bajón del verano…”, y lamenta que “los objetivos del principio eran mucho más ambiciosos” y que “con mayor coordinación el impacto hubiera sido mayor”.

No obstante, al igual que los demás tiene muy en cuenta que “es bueno que sigamos muchos después de un año, que sigamos participando activamente y que no haya habido discontinuidad en ningún momento” y que “el mero hecho de que se revitalicen movimientos locales y vecinales ya es muy importante y es imprescindible para que el resto de la coordinación vaya bien”. “No hemos conseguido que mejore nuestra calidad de vida pero por lo menos estamos organizándonos mejor para el futuro”, sentencia con la tranquilidad de saber que se avanza por el buen camino y la certeza de que el trabajo, pronto o más tarde, dejará su fruto.

Preparación del cumpleaños

Si hay un concepto que los sevillanos somos incapaces de asimilar, ése es el de “entretiempo“. En Sevilla la Barroca, la abigarrada, raro es que no pasemos de un día para otro de ese frío húmedo nuestro del invierno a un abril para cuyas mil lluvias un barril se queda más que pequeño.

El lunes 7 de mayo, a media tarde, los adoquines de la calle Laraña refulgen bajo un sol que hace dos días estaba parapetado tras una trinchera de nubarrones. Algo más arriba, en las setas de la Encarnación, algunos turistas buscan la sombra ante un incipiente calor que, también en un par de días, sumergirá a la ciudad en los 30 grados de ese mayo verdadero que hasta entonces se resiste a aparecer.

Al final de la plaza, casi camuflados entre los paseantes, algo más de una decena de personas conversan en círculo: son los miembros de la Intercomisión de Vivienda del 15M de Sevilla, reunidos para transmitir información y discutir propuestas, como soldados de reserva en un campamento tras el largo invierno.

Apenas una semana antes del aniversario del movimiento, el 15M de Sevilla sale del letargo de los meses fríos que han apagado el calor con el que surgió de golpe, como una espiga de trigo alzada por las lluvias. Tras esos meses de silencio y caminar soterrado, de los extraños jardines debajo de la nieve que cantó Rocío Arana, germina una semilla de trabajo continuo e invisible a pasito de hormiga. El movimiento quiere hacer mayores ese esfuerzo y sus frutos, engrandecerlos tras la manifestación del sábado 12.

Aunque reconocen que todas las comisiones y grupos del 15M en Sevilla “han pegado un bajón” porque “últimamente la gente está muy cansada y quemada”, se siguen promoviendo actividades. En la reunión de este día se informa sobre la próxima celebración de diversas charlas y jornadas sobre vivienda durante esa semana y la siguiente, la del aniversario.

El esfuerzo de las comisiones de Vivienda durante estos meses no sólo ha devenido en este tipo de actos o en asesoramiento a personas con problemas relacionados con sus casas -lo cual no es poco-, sino en un aspecto que pasa aún más desapercibido por ser quizá más importante que todo lo anterior: la detención de los desahucios.

El último que se ha conseguido evitar se ha producido en la mañana del día anterior, en el número 106 de la barriada de La Oliva, en el Distrito Sur, donde actúa la Asamblea de Cerro-Amate. Los inquilinos, Óscar, en paro, y su mujer embarazada de ocho meses, han podido evitar la ejecución del desalojo gracias a la oposición de más de 50 vecinos. “Yo no he dejado de pagar. El banco me dijo que lo que yo ingresaba era una mierda”, contaba Óscar a quien quisiera oírle. Uno de los miembros de la intercomisión relata los hechos sonriente, casi maravillado: “la misma gente del barrio es la que detuvo el desahucio; es el mismo barrio el que se organiza a sí mismo, es algo muy bonito”.

Mientras el sol se escurre entre los tejados y las sombras de los edificios abrazan las setas casi vacías, el grupo da por concluida la reunión con satisfacción. “Cada vez funciona mejor esto”, celebra alguien. “¡Y cada vez nos vamos antes!”, le responde entre risas otro. Estos centinelas que han custodiado la llama del 15M durante el invierno se marchan con la ilusión y la esperanza expresada de viva voz de que el próximo sábado no sea tan temprana la hora de marchar, y que los 40 grados hagan florecer de nuevo el movimiento aletargado.

La logística del voluntariado

Es media tarde de un viernes de mayo en Sevilla, una más de tantas tardes de mayo como han contemplado los milenios paseando por sus callejuelas. La calor repentina de estos días ha liberado a la ciudad de las lluvias tardías y el frío intruso a estas alturas y ha devuelto esas ganas de pisar la calle donde los charcos languidecen y sentir ese sofoco de recorrer la calle Laraña con el sol aferrado en el cogote.

En estas tardes que anuncian la canícula, las setas de la Encarnación se erigen como una gran paradoja en el corazón hispalense. Hijas de la megalomanía y los años del imperio del ladrillo, su nombre oficial, Metropol Parasol, es propio de la soberbia y rimbombancia que representan, pero en sentido último tanto el nombre como las mismas setas también hacen justicia al artificio y la tramoya barroca de la ciudad que los acoge.

Bajo rayos a casi 40 grados, los viandantes que llevan a cabo el esfuerzo de subir la escalinata de las setas descubren entre resoplidos que el famoso Parasol bien poco sol para. Se comprende entonces que el mar de hormigón desnudo de la Plaza Mayor, una altiplanicie expuesta a las inclemencias del clima, es tan mayor como desierta se halla.

Estos días, no obstante, se puede notar un bullicio sordo, soterrado, como un trajinar de hormigas silenciosas que se preparan para salir del hormiguero tras el letargo de la hibernación. En un goteo continuo, aparecen personas que buscan a otras personas con las que comprometerse en una tarea común: preparar la manifestación del día siguiente, sábado 12 de mayo de 2012.

Va a cumplirse el primer aniversario del día a partir del que, de forma totalmente inesperada -casi podría decirse que inusitada-, el país se echó a la calle y algo -o mucho- cambió en la conciencia de los españoles, y todo debe estar dispuesto para repetirlo.

Sin embargo, tanto dentro como fuera del 15M hay una coincidencia en pensar que ésta no debe ser una efeméride en la que simplemente se recuerde una fecha concreta, en la que se celebre que se cumple un año y nada más. Todos optan más bien por resaltar lo que afirma Juanjo, que “llevamos un año trabajando una estructura que ha salido, como las setas, de la nada, pero que no ha costado tantos millones como ha costado esto”, lo cual, según él, ya es “un motivo de celebración”.

Que “nos sobran razones” es lo que cree Sergio Gallego, “sobre todo desde que ha entrado el PP”, porque “los recortes han sido brutales, bestiales, y veo que es el momento ideal para hacer otra manifestación”. En su opinión, esta protesta “puede marcar un antes y un después, la conciencia puede dar un vuelco con esta manifestación”.

Temeridad es, como mínimo, la principal cualidad de todo aquél que se decide a salir a la calle en Sevilla antes de las ocho de la tarde cuando, a partir de mayo, empieza a apretar la calor y los 40 grados no remiten hasta bien entrada la noche. Por eso quizá mucha gente haya otorgado ese atributo al grupo de unos veinte voluntarios de distintas asambleas de la ciudad y la provincia que desde las cinco se congrega abajo, en la antigua plaza de la Encarnación, entre botes de pintura, sprays, pinceles, brochas, rotuladores, tijeras, cartones y sábanas viejas, para dar forma a un elemento básico de la movilización: las pancartas.

Lo primero que se siente al llegar es la necesidad de preguntar a alguien por qué han quedado tan temprano, con semejante calor. “Eso digo yo”, responde uno de los voluntarios. No obstante, cuatro horas después, a las nueve, el tiempo da la respuesta, como dice el refrán, sin preguntar: todavía quedan por terminar varias pancartas, precisamente las mayores, como la que encabezará la marcha.

“Llevo una hora haciendo manitas”, relata con visible cansancio otra muchacha que está sentada en el suelo entre botes de pintura y paletas con colores morado, negro y verde. “Parece que esto se hace en un momento, pero tiene un trabajazo”, confiesa. Pero, para su suerte, no están solos. Muchos viandantes se detienen a contemplar el trabajo y a saciar su curiosidad acerca de para qué son las pancartas. Algunos se suman de forma espontánea, hasta el punto de que varios niños se unen como si de un taller de manualidades se tratara, bajo la mirada complacida y absorta de los padres.

José Manuel, de la asamblea del 15M de Gelves, un pueblo al pie del Aljarafe, expone que todo en la preparación de los lemas es voluntario, incluso la disposición de materiales, ya que, “como nuestra financiación es cero, pues todos los recursos son traídos por ciudadanos desinteresados”. Y, cómo no, también el reparto. “La gente que estamos aquí nos las llevamos a casa”, dice José Manuel, “y cuando llegamos a la manifestación las depositamos todas en el suelo y la persona que se quiere manifestar con una pancarta o se siente identificado con algún lema, pues la recoge simplemente y se la lleva”.

La creencia general entre los miembros del movimiento es que será, en palabras de Federico, “una gran manifestación en lo que a número y, sobre todo, en lo que a ánimo se refiere”, y por eso Ángel Montero espera que “realmente demos un zapatazo”, algo que considera “necesario porque en ello nos va el futuro”. “Nos estamos quedando sin derechos civiles, sin derechos laborales, vemos cómo los gobiernos realmente no le debe sus servicios al pueblo, que es quien les paga y les vota”, lamenta.

Aunque apunta que esta protesta “quizá no sea tan numerosa como la de octubre”, Jesús confía en que “todos los actos que se programan durante esta semana van a servir mucho para el debate y la reflexión internas, para poder seguir avanzando en cuanto a organización y a coordinación con el resto de ciudades e incluso dentro de Sevilla”.

De hecho, Federico pone el acento “sobre todo en lo que venga después, porque no se trata sólo de que el día 12 tengamos grandes manifestaciones, que creo que va a ser así, sino que las acciones posteriores de charlas, de debates, de propuestas y lo que vuelva a surgir”, y confirma su deseo de que la marcha del sábado sea “un punto de inflexión para rebelar a parte de la ciudadanía que todavía no sabe dónde situarse y que vuelva a estar en la calle y vuelva a estar en las luchas locales”.

Ni la calor ni la prohibición de acampar la noche siguiente en las setas, decretada por la Subdelegación del Gobierno en Sevilla, han achicado el ánimo de los voluntarios encargados de las pancartas, ni tampoco el del resto de integrantes del 15M en Sevilla respecto de la manifestación del sábado. Algunos, como Juanjo, no saben “si será un éxito o no” o “el impacto que pueda tener en las cuestiones de política estatal”, pero lo que es indudable es el entusiasmo y el buen hacer de los que trabajan para ponerla a punto.

Las pancartas duermen esta noche con la misma impaciencia que los que las han realizado ante la cita del día posterior. En apenas unas horas, la Plaza de España comenzará a recibir gente que abarrotará las calles de Sevilla. Así, al menos, lo esperan ellos. Entonces no sólo gritarán las gargantas. También lo harán muchos cartones y sábanas que son ya una voz de palabras indelebles que el viento no puede llevarse.

El reto de perpetuarse en el éxito

Mantener elevado el espíritu de movilización es mucho más difícil que dar ese primer paso que supone el salir a la calle a expresar tu protesta, tu íntimo grado de indignación con lo que está sucediendo. Los miembros del 15M son conscientes de ello, y tal vez por eso, aunque la convocatoria del 12M genera serias dudas por el largo año transcurrido y el aparente desinfle del caudal inicial, mantienen vivo ese hálito de esperanza de que el ánimo no decaiga en demasía y el movimiento pueda de nuevo levantar el vuelo.

Ha transcurrido ya un largo año desde aquella calurosa tarde de mayo que marcó más de 37 grados a la sombra en el Prado de san Sebastián, desde aquella manifestación multitudinaria que recorrió las calles céntricas de Sevilla que no existió para los medios de comunicación y a la que la policía redujo el número de asistentes a menos de la mitad.

Este 12 de mayo de 2012 en Sevilla, como siempre, ha vuelto a hacer un calor casi insoportable. De nuevo las temperaturas han superado con amplitud los 36 grados y las calles se han convertido en un hervidero de sopor y de gente desafiando las adversas condiciones meteorológicas.

La convocatoria presenta un recorrido diferente al que ha venido siendo tradicional en las manifestaciones del 15M desde su inicio. En esta ocasión, el lugar de partida es el mismo de siempre, la Plaza de España de Aníbal González, pero luego transcurre por la Avenida de María Luisa hasta la Puerta de Jerez para enfilar, ya sí, las setas atravesando las céntricas calles del casco histórico de la ciudad.

Cuando la cabecera de la marcha alcanza la Glorieta de los Marineros Voluntarios, todavía sigue saliendo gente del punto de arranque. Nadie se atreve a pronosticar si ha acudido más gente o no que a la última convocatoria de octubre, todas las comparaciones son siempre odiosas, pero el éxito de nuevo es innegable. Quizás lo afee la dispersión de la gente que se observa en determinados tramos, pero ha salido mucha gente a protestar, como se esperaba.

Antonio, por el contrario, cree que “la respuesta es un poco mayor que la de octubre, porque la gente está más concienciada y mucho más harta que entonces”. No obstante, considera que “lo importante es lo que vamos a hacer los días a continuación y ver qué tal”, porque “el espacio es público y podemos hacer uso de él. Eso hay que defenderlo a muerte”.

Francisco Javier considera que la convocatoria “refleja que sigue habiendo un descontento”, aunque “ha sido un poquito menor que la anterior, porque ha habido menos difusión”. Sin embargo, lo considera más que suficiente para “manifestar que estamos siendo conscientes de cómo nos están estafando y que decimos basta, que tenemos propuestas y alternativas. Es un discurso contra el ‘no hay alternativas’ que nos venden”.

Al paso por la Plaza Nueva, donde se encuentra instalada la Feria del Libro, la gente allí congregada contempla absorta el paso de la manifestación, que se abre paso entre la calina y el sopor con sus ya clásicos eslóganes y su variado colorido. De esa guisa se alcanzan unas todavía aletargadas setas a esa hora de la tarde. Una chica dice por el megáfono que “la policía está por dejar acampar si no se forma jaleo”. La gente aplaude y un grupo comienza a cantar las “sevillanas indignadas”.

Tras dar lectura al manifiesto para la ocasión, con el abatimiento que provoca la sensación de que hay menos gente que en otras ocasiones, se aborda el debate sobre si hay que acampar o no. Es la misma cuestión que se plantea en todas y cada una de las marchas convocadas en diferentes ciudades españolas, salvo en Barcelona, donde las autoridades han permitido la acampada y todas las celebraciones posteriores.

A medida que va transcurriendo la noche, la gente se va dispersando en pequeños grupos y sólo permanecen en las setas los incondicionales, los más fieles al movimiento. Muchos de ellos ya estuvieron acampados aquí hace un año. La gente se organiza en corros, no demasiado grandes, pero sí muy activos. Debaten sobre qué hacer y sobre cómo ha transcurrido la protesta.

En las setas se encuentra Sergio. Nos confiesa que “con este calor había un poco de miedo por saber cómo la población iba a actuar”. Calcula que han acudido “en torno a 50.000 personas” y proclama que “el 15M no ha muerto” tal y como predicen los medios de comunicación, sino que “está más vivo que nunca”.

Con el avance de la madrugada, los grupos deciden que “no se va a acampar oficialmente”, relata Antonio, pero que “quien quiera puede quedarse a dormir como acto de desobediencia”. Los grupos, que no superan la decena de integrantes, se dispersan por la plaza. Unos conversan, otros simplemente dormitan abatidos por el cansancio de una jornada intensa.

A eso de la 4:30 de la madrugada comienzan a llegar noticias de que estaban desalojando en otras ciudades. Uno de los que se encontraban presente decide bajar y preguntar a la policía, que le comunica que tienen una hora para desalojar por su propio pie la plaza.

“Entonces bajamos a hablar con la policía –cuenta Antonio- y nos dicen que tenían orden de desalojar. Subimos, lo comentamos con los compañeros y decidimos quedarnos a ver qué pasaba”. “Transcurrieron dos horas –continúa- y la gente ya pensábamos que no iban a desalojar porque en la plaza no había ni treinta personas. De repente, empiezan a subir policías por todas las escaleras de acceso a la plaza y comienzan a despertar a la gente y traerlas hacia la escalera principal, donde nos reúnen”. Uno a uno les fueron pidiendo la documentación.

Ante la alarma, el jefe de la Unidad de Intervención Policial que estaba al mando de la operación se dirigió a ellos. “Amablemente nos explicó que tenía una orden de instancias superiores de desalojar esto –relata Antonio- y que no había tu tía. Nos dijo que la toma de documentación era porque se lo habían ordenado y que la iba a transmitir a instancias superiores y que no sabía si nos iban a multar o no”. Uno de los presentes pidió explicaciones, a lo que la policía le dijo “que si quería más explicaciones la tenía que recibir en comisaría”. Los agentes lo apartaron unos escalones más arriba de donde se encontraba el grupo.

En palabras de Antonio, “unos 40 agentes de la UIP vinieron aquí a desalojar a 25 personas que estaban dispersas y sin hacer ningún tipo de actividad, muchas de ellas durmiendo. Eso fue el desalojo de las setas”. En diferentes puntos de la ciudad todavía a esas horas los juerguistas apuraban las últimas copas en locales que aún permanecían abiertos. Claro que esos no estaban cuestionando el sistema que rige los designios de un modelo de sociedad.

Una semana de debates y aportaciones

Si algo queda claro tras el 12 de mayo y la consiguiente resaca de cifras, de columnas de opinión y de análisis más o menos sesudos o acertados es que hay vida después de la manifestación. En Sevilla, el objetivo era claro: el 12M15M no debe ser una mera efeméride de la protesta de hace un año, sino algo más. Mucho más.

Aunque hasta pocos días antes del día 12 no han conseguido confirmarse de forma definitiva algunos espacios, la tabla de las actividades y charlas de la semana posterior a la manifestación, la del mismo aniversario del 15M, están programadas desde hace varias semanas, gracias a las propuestas, la colaboración y la buena coordinación de miembros de muchas comisiones. Cada uno de los días está dedicado a una temática diferente, de modo que ninguna de las representadas en las comisiones del movimiento ha quedado fuera de las actividades de la semana del 12M15M.

La afluencia de personas a los actos de la semana del 15 de mayo es bastante más baja que la de la manifestación. Después de todo, en estos días la temperatura de los termómetros de Sevilla no desciende de los 35 grados. Sin embargo, la presencia es estable en número -en torno a un centenar de personas cada día- y en implicación, y todos los oyentes coinciden en la calidad y envergadura de las conferencias y de los ponentes.

Como era de esperar, los detractores del movimiento -especialmente algunos medios-, que durante un año y, sobre todo, en estos últimos días han estado esperando el más mínimo detalle para arrojar tierra sobre él con cifras o actos violentos aislados en algunas manifestaciones, no han tardado en aprovechar esta reducción natural de la asistencia para dar por evidente que el 15M pierde fuelle, que ha fracasado, que está muerto.

Pero siempre es más fácil criticar sin conocer o informar desde una redacción con el aire acondicionado a 22 grados, mientras fuera otros ven, tarde tras tarde, lo que pasa de primera mano y tienen en cuenta las condiciones en las que se desarrollan los acontecimientos.

Y al caer la noche, con la fresquita, como se suele decir en Sevilla, es cuando nadie falla. Menos aún cuando lo que se celebra es el verdadero cumpleaños, el “oficial”, del movimiento. El martes, al concluir las charlas con el sol retirándose de las fungiformes estructuras del Metrosol Parasol, la gente afluye desperdigada para el fin de fiesta de la jornada: el concierto que pone la guinda a la manifestación, a todas las actividades del día -acaso de la semana que aún queda por delante- y a todo un año de trabajo que concluye y da paso a uno nuevo, a muchos más, con todas las escalinatas de las setas de la Encarnación cantando el cumpleaños feliz al 15M.

“El 15M debe ir a la gente, no esperar en las plazas a que ésta venga”

Una de las conferencias más exitosas y con más repercusión de la semana, por el peso de los ponentes y la calidad del contenido, ha sido la de economía, que ha abierto la semana temática de la mano de Juan Moreno Yagüe, Lina Gálvez y Juan Torres López.

Este último, catedrático de Economía Aplicada en la Universidad Hispalense, es uno de los referentes para el movimiento debido a sus obras relacionadas con la crisis actual, la cual aborda desde un punto de vista crítico. El día en el que cumple un año, Juan Torres habla sobre el 15M y la coyuntura económica de España y Europa para sevilla report.

¿Es usted un indignado más?

Naturalmente. Cómo no voy a estar indignado viendo lo que está ocurriendo en el mundo y en Europa y en España, cuando los de arriba continúan ganando cada día más, teniendo más riqueza, más privilegios, más ayudas y cuando se está recortando siempre por abajo. Cómo no voy a estar indignado cuando en el año 2012 se aprueban unos presupuestos que dedican 28.000 millones de euros a rentas del capital bancario en forma de intereses y se recortan más de 30 en sanidad, en educación, en rentas salariales. Eso es para estar indignado. Cómo no voy a estar indignado viviendo en un planeta en el que prácticamente cada segundo muere un niño de hambre, cuando hay millones de personas que mueren por falta de alimentos y cuando al mismo tiempo hay dinero solamente para los ricos. Claro que estoy indignado.

¿Cómo definiría al movimiento 15M?

Yo creo que el movimiento 15M fue una eclosión de indignación, de rebeldía, de disgusto por lo que estaba pasando, quizás sin tener muy claro dónde iba, porque eran las venas abiertas de necesidad de responder a tanta injusticia, y yo creo que eso le ha dado aire, como cuando alguien respira fuerte se abren los pulmones y el cuerpo se llena de sangre nueva, de oxígeno, porque ha demostrado que la sociedad española la gente joven y menos joven están dispuestos a decir que no a injusticias, a cosas que cualquier persona decente, sea de izquierdas o de derechas, tiene que estar dispuesto a decir que no pueden seguir ocurriendo.

¿Se adhirió usted desde el primer momento al movimiento? ¿Previó que iba a ser una cosa así?

Después de que una cosa como ésta explote todo el mundo dice: “no, yo lo había previsto”. La verdad es que estábamos haciendo libros, escribiendo, llamando a la rebeldía, llamando a que la gente dijera que ya estaba bien y digamos que desde el primer momento, por lo menos yo, observé que ahí había esa canalización de fuerza, de indignación, de acción quizá un poco intuitiva, primitiva, poco política pero al fin y al cabo de decencia social y yo procuré desde el primer momento formar parte, ayudar en lo que yo podía y estar con la gente del 15M. Me siento parte del 15M.

¿Cómo ve la evolución del movimiento en este año?

Yo creo que el 15M es sobre todo corazón, un estallido de indignación. Yo creo que ha habido de todo, ha faltado quizás sentido de qué se quiere ser, porque tampoco el 15M quiere ser más que un espacio de canalización de esa rebeldía. Yo creo que al 15M le falta una reflexión más reposada, propuestas quizás más asentadas, pero es que es lo que es, es una eclosión de indignación y de rebeldía, no es una fuerza política organizada, no es una organización, no es ni siquiera un movimiento que tenga unas coordenadas y que diga “por aquí se va”. Es la gente en las calles, la gente protestando por un sentido elemental de justicia, por una ética básica de respeto a los demás, de reparto, de solidaridad, de coherencia, de cooperación con la gente de abajo, que hay que procurar parar lo que está ocurriendo y darle la vuelta a las cosas. Entonces es que eso es el 15M. Quienes le piden más pues le tendrían que pedir más a otras cosas.

¿Y no cree que ha perdido un poco de fuerza quizás?

El 15M inicialmente tuvo una presencia muy multitudinaria. Ha pasado tiempo, han pasado muchas cosas y es lógico que tenga vaivenes, altos, bajos. Lo importante es que se siga pensando que hay que dar respuesta. Quizás el 15M se ha venido un poco abajo en cuanto a presencia en las calles, pero han estado los sindicatos, ha habido una huelga general. Lo importante es que los de abajo respondan a la agresión que están teniendo de cualquiera que sea la forma. Y yo creo que ahí hay elementos que se complementan y que tienen manifestaciones muy diferentes. En cierta medida, por ejemplo, lo que ha ocurrido en Andalucía en las últimas elecciones, que se ha parado a una derecha tan agresiva. No digo que eso sea el 15M, pero sí que de alguna manera es expresión de un sentimiento de rebeldía frente a lo que está ocurriendo.

¿Cuáles cree que son los retos más importantes que tiene por delante este movimiento?

Yo creo que el 15M tiene como reto ir a la gente. No se trata de esperar en las plazas a que venga la gente. La gente consciente de lo que está pasando, la gente que desee que esto cambie, lo que tiene que hacer es ir calle por calle, casa por casa, familia por familia, persona por persona, a hablar con ellas, a decirles lo que está pasando. Hay que estudiar bien las cosas que están ocurriendo, informarse, tener los datos, contarlos, ir a la gente. Ésa es la clave. Es una quimera creer que permaneciendo en una plaza va a venir la gente aquí a escuchar lo que le decimos.

¿Hay alguna forma idónea de canalizar toda esta energía para que se útil a la sociedad?

Yo creo que en el 15M van a convivir muchos conceptos de lo que hay que hacer. Es un espacio muy plural y por lo tanto va a haber diferentes estrategias, diferentes modos, porque es una cosa muy descentralizada, muy democrática, muy abierta, muy plural, muy diversa. De ahí van a salir otras manifestaciones diferentes de lucha, otras formas de intervención política, social, humana, personal. Yo creo que es un error pensar que el 15M va a ajustarse a una sola tipología de comportamiento, a una estrategia única. Eso no va a darse, porque el 15M es un espacio muy plural y por eso va caminando tan despacio y tan dificultosamente.

¿A usted en lo personal en qué le ha cambiado?

A mí personalmente el 15M me ha dado más trabajo, en el sentido de que muchas asambleas del 15M me llaman y he tenido que ir. Sobre todo nos ha dado mucha más fuerza, porque personas como Vincenç Navarro, Alberto Garzón y yo, que escribíamos desde hacía tiempo, pues ver que nos llaman, ver las fotos, la gente con nuestros libros discutiéndolos en la asamblea del 15M, levantándolos como una bandera, pues eso anima mucho y da mucha fuerza, mucho ánimo y también te obliga a trabajar más, claro.

Usted defiende que la deuda ilegítima no la deberíamos de pagar. ¿De qué cantidad de deuda estamos hablando?

Un inspector de hacienda acaba de calcular recientemente que sólo en 2008, 2009 y 2010 se ha pagado 122.000 millones y pico de euros en deuda que se puede calificar de ilegítima y, por lo tanto, tenemos que plantear que eso no se paga, eso no hay que pagarlo, eso hay que enfrentarse a los que han manipulado los mercados, a los que han encarecido artificialmente la deuda y a los que han puesto de rodillas a los gobiernos para que paguen réditos a los bancos a costa del sufrimiento y de la carencia de los de abajo. Eso no hay que pagarlo.

¿Cree que sería conveniente salirnos del euro?

Está claro que la pertenencia en el euro de países como España, Grecia, Italia o Portugal con un euro tan mal diseñado es muy negativo, ha sido muy costoso y está provocando grandes problemas. La cuestión está en que fuera del euro seguramente volveríamos a tener problemas semejantes. Entonces, yo creo que lo que hay que hacer es dar un golpe en la mesa de Europa, obligar a que se rectifique, a que se hagan otras políticas, que se diseñe bien la unión monetaria. Y desde luego si eso no se hace, pues habrá que pensar en que hay que irse.

Si hubiésemos hecho lo que los islandeses y hubiésemos dejado caer los bancos, ¿cómo estaríamos ahora?

Es que cada país es distinto, no se puede decir que haríamos lo que hizo el otro, porque cada uno tiene su composición, pero yo creo que hubiera sido mejor que desde el principio se hubiera hecho frente a los bancos, se hubiera puesto en claro la responsabilidad que tenían, se hubieran depurado las cargas que llevaban consigo, los activos tóxicos, la situación real patrimonial que tenían, que se hubiera nacionalizado lo que se tuviera que nacionalizar y que se hubiera garantizado que la financiación a las empresas y a la economía funcionaran. No se ha hecho eso y ahora lo vamos a pagar muy caro, porque lógicamente no es igual intervenir antes que después.

¿Cree que la elección de Hollande en Francia va a cambiar mucho las cosas?

Hollande en Francia ha ganado, pero la izquierda en realidad no ha ganado. En las elecciones presidenciales ha tenido el 44% y posiblemente en las legislativas no gane, no se sabe lo que va a pasar. Ojalá Hollande sea capaz de dar un impulso fuerte, pero no va a ser fácil y además lo socialdemócratas en Alemania ni siquiera están por ello. Vamos a ver si pudiera ser, pero creo que la alegría de momento es contenida, porque no hay tampoco propuestas suficientemente profundas de cambio en Europa como para que se le pueda dar una vuelta a la situación.

En ese caso casi estaríamos abocados al rescate ¿no?

Hay que forzar mucho la situación, hay que influir mucho, hay que movilizarse, hay que reclamar, hay que sentirse muy rebelde, porque la situación en Europa es de una inercia tremenda. Los bancos tienen mucho poder, son los grandes poderes financieros y no están dispuestos a ceder, así que hay que hacer un combate muy profundo, muy duro, porque si no estamos al borde del abismo, estamos al borde de un desastre colosal en Europa por la avaricia, por la cabezonería, por el fundamentalismo y por la ceguera ideológica de los que la están gobernando.

Mirando el presente, pero sin perder de vista al futuro

La semana va tocando a su fin y la manifestación del 12 de mayo queda ya como una más en el recuerdo de la cronología de un movimiento que, no obstante, no pretende estancarse aquí, sino todo lo contrario: demostrar que tiene un amplio camino que recorrer y, antes que nada, descubrir cuál es y qué es lo que se van a encontrar en él quienes lo sigan.

En este punto del trayecto, la pregunta, por tanto, parece evidente: ahora, ¿qué? Sergio Gallego no duda un segundo en responder que “el ahora es seguir saliendo a la calle porque los recortes están multiplicándose en todos los sentidos”. Pero, ¿son optimistas sus miembros respecto del futuro del 15M? “Por supuesto”, sentencia Francisco Javier, “Sin optimismo, ¿a dónde iríamos?”.

De la esperanza de establecer nuevas metas y, sobre todo, conseguirlas también habla José Ignacio Aguilar, quien afirma con entusiasmo que “yo no tengo sólo la esperanza, que desde luego la tengo, sino que además es algo aún más fuerte: tengo la necesidad”. Esa necesidad “de poder salir a la calle” que tenía Macarena desde “hacía muchos años” en los que “no encontraba un grupo para poder expresarlo y poder decir lo que pensamos de forma colectiva y usando el espacio público como medio”. Es la oportunidad que le ha brindado el movimiento, y eso, confiesa, “me ha cambiado porque me ha liberado de estar en casa mordiéndome las uñas a poder salir a la calle y poder luchar por lo que pienso, por lo que creo más justo”.

Por otro lado, quedan en el aire las dudas acerca de la posición del 15M en el ámbito político e institucional. Un movimiento acéfalo, sin dirigentes o estatus jurídico, ni pretensión de tenerlos, ¿puede hacer frente a los poderes constituidos o ser una nueva opción distinta de éstos? Para Federico Noriega “ya es una alternativa al poder constituido, porque en esto han participado millones de ciudadanos”. Dado que “nuestra Constitución no tiene mecanismos para que la ciudadanía pueda forzar cambios legislativos y formales”, entiende que “la única alternativa que hay es que la ciudadanía empiece a organizarse a través de movimientos como el 15M, como un movimiento que con capacidad de dar a la ciudadanía un poder constituyente que recupere la soberanía del pueblo”.

Es de la misma opinión Jesús, de Triana, quien asegura que “ahora existe una estructura de poder alternativo de forma incipiente, construida desde las bases a través del sistema de asambleas”, si bien es más cauto, pues matiza que, “evidentemente, no se puede plantear como alternativa al sistema vigente, pero al menos ya constituye una forma de organización paralela, más legítima y que en el futuro sería lo deseable”.

Nieves

Muchos tienen claros los objetivos, más o menos ambiciosos o concretos, que quieren alcanzar. Sin embargo, persiste en ellos una cuestión: cómo hacerlo. La postura de Francisco Javier respecto al camino que se debe tomar es que “hay que ir de lo micro a lo macro”, puesto que “el paso previo a la acción es la conciencia y después, cuando coges conciencia, te vas implicando en diferentes vertientes, diferentes corrientes, diferentes movimientos”.

Francisco quita hierro al problema que algunos ven en la heterogeneidad del movimiento recordando que “cualquiera que haya estado en el 15M sabe que dentro hay un montón de corrientes y formas de pensamiento, un montón de aspiraciones y de formas de solucionar las cosas, pero lo que nos unió fue el total rechazo a lo que está ocurriendo”. Antes que nada, para él la prioridad es que “ahora debemos enfocarnos en lo que queremos: por cada consigna, lanzar una propuesta”.

Nadie dentro o fuera del movimiento dudaría de la importancia de resolver estas cuestiones para poder garantizar su continuidad y su éxito, si bien hay otra que, tanto los que lo integran como otros que desde el exterior observan el parsimonioso avance del 15M con una mezcla de entusiasmo e incertidumbre, tienen en mente desde el primer momento: ¿qué se puede lograr?

La respuesta se halla en los ojos entusiasmados de Nieves, en su sonrisa abierta, sin disimulo, en su sincera felicidad al pensar en que podemos conseguirlo “todo, todo, si nos damos cuenta de que somos el 99% y somos conscientes del poder que tenemos”. Ella, como tantos otros, no vacila al pensar en lo que hay por delante. “Es lo que creo que es el futuro de este movimiento: conseguir que cuenten con el pueblo para hacer todo lo que hacen”, asiente con convencimiento.

Afinando para sortear la tormenta

Como acechada por la alargada sombra de la incertidumbre que ha cubierto las noticias económicas durante la semana previa, con Bankia al borde del abismo y la prima de riesgo disparada, se presenta la tarde del 20 de mayo en Sevilla: encapotada de nubes que ora dejan un aguacero tan repentino como fugaz, ora dan una tregua, ora truenan negras, amenazando con descargar una nueva ráfaga de agua.

Pocos minutos antes de las siete, la hora del comienzo de la Asamblea General del 15M en Sevilla, las setas de la Encarnación son una pura estampa de domingo, pero no de mayo, sino de uno de enero. La lluvia ha concedido un respiro y ahora el sol deslumbra sobre el pavimento mojado y algunos niños chapotean en los charcos ante la mirada distraída de los padres. Al fondo, desde uno de los bancos, un pequeño grupo anuncia con un altavoz el comienzo de la reunión de cierre del #12M15M.

No son más de 30, entre los que están al inicio y algunos espontáneos que se suman un rato después, pero son los de siempre. Los que cada vez, como ellos mismos dicen, están en las asambleas, organizan las acciones y velan por la continuidad del movimiento, haga sol, llueva, ventee, o como ocurre ese día, con las tres condiciones en una.

Reunidos en círculo para protegerse del frío cortante impropio de la fecha, como generales de invierno hablando de la campaña de un verano que en Sevilla ha asomado de forma prematura dos días antes, la asamblea hace recapitulación de las jornadas de toda la semana anterior. Todos están de acuerdo en el éxito de los eventos temáticos (participación, economía, vivienda, laboral, feminismo, ciencia, educación…), basado más en la calidad de las jornadas que en la cantidad de asistentes, pues, como apunta uno de los presentes, “el movimiento sigue creciendo, pero no cuantitativa sino cualitativamente”.

Pero luego de las congratulaciones y de los puntos fuertes (la participación, la creación de vínculos y redes sociales, la mejor capacidad de trabajo, la implicación de personas y colectivos) hay tiempo para la autocrítica, que es mucha, aunque siempre procurando “no destacar aspectos negativos sino cosas que se pueden mejorar”. La mayoría de los reunidos pone sobre la mesa, en primer lugar, y respecto de la organización de las mesas del 12M15M, los problemas con la logística: falta de material, problemas con los horarios, falta de personal, dificultades para que quien lo quisiera pudiera unirse como voluntario…

Todo ello desemboca, una vez más, en el mayor y más habitual de los contratiempos: la desorganización. Más allá de la celebración de los eventos de la semana del aniversario (de la cual se lamenta que “ha habido escasa publicidad previa”), muchos de los participantes en la asamblea general hacen hincapié en la necesidad de que el 15M en Sevilla esté mejor organizado y que las asambleas estén coordinadas de forma más eficaz.

Jesús, presente en la asamblea, hace un contundente y detallado diagnóstico de los fallos de coordinación del movimiento, entre los que destacan que “no existe un órgano de coordinación a lo largo del año”, que “en la coordinadora no están ni la mitad de los grupos que están en el movimiento” y “que “ésta no es una asamblea que represente al 15M, sólo a los presentes”, lo que parece un obstáculo estructural de todo el movimiento. “¿Quién firma las reivindicaciones?”, se pregunta, antes de sentenciar que “todo eso son problemas”.

Ante las reflexiones de Jesús y los demás asistentes sobre ésta y otras muchas cuestiones, uno de los presentes da un paso al frente en sus proposiciones, y plantea que “ya es hora de que el 15M deje de ser sólo la asamblea de mi barrio o mi pueblo para integrar y movilizar a asociaciones de vecinos y otros colectivos”. Su postura, correspondida por los demás con asentimientos y manos alzadas en aplausos mudos, es que “si no metemos a más gente nos vamos a quemar los cien que siempre estamos”, porque, remarca, “siempre venimos y curramos los mismos”.

A la autocrítica, repleta de motivos, la sigue una cascada de propuestas para enderezar todos los aspectos mejorables de esta semana y el resto del año que ya ha tocado a su fin. Los dos ejes básicos sobre los que se articulará la actividad del 15M en Sevilla serán dos: la continuidad, regularidad y estabilidad de las asambleas y los trabajos, complementada con una combinación de reflexión y consiguiente acción. Y, sobre todo, siempre desde la premisa de “echar a la calle las propuestas de la Red”, para que “nadie se pueda plantear que el movimiento está muerto”.

Una hora y media de charla después, todos consensúan una nueva decisión, mucho más inmediata e importante: dar por concluida la asamblea, ante la amenaza de espesos nubarrones que se acercan con el fragor de guerra de los truenos. Los asamblearios recogen los pocos enseres que portan consigo y en un instante dejan vacía la plaza, desierta como antes de que el 15M la conquistara para los sevillanos. El retumbo de la tormenta ya se acerca, recordando que la tregua concedida al sol de estos días de efeméride es sólo fugaz frente a la tempestad de la crisis. No tarda en llegar la lluvia que ha estado ausente todo el invierno, y que ahora puebla de nuevo La Encarnación de charcos y de esperanza: pronto volverá a crecer la vida bajo las setas.

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