Cuando uno no quiere, dos no se pelean

Jesús Rodríguez / Gregorio Verdugo | Es la mejor frase para resumir lo ocurrido en el congreso del PSOE de Sevilla durante la pugna de Susana Díaz y Antonio Gutiérrez Limones, los dos aspirantes a la secretaría general de los socialistas sevillanos.

Ante un plenario conformado por 409 delegados y un nutrido grupo de invitados, y ante una mesa del congreso presidida por el portavoz del grupo municipal socialista en el Ayuntamiento de Sevilla, Juan Espadas, ambos dirigentes se subieron al atril de manera muy distinta, al menos en relación a cómo habían sido los discursos de cada uno en los actos de presentación de sus respectivas candidaturas.

La primera en intervenir fue una Susana Díaz pletórica, con un discurso bastante bien estructurado y al que supo dotar de la dosis de emotividad necesaria para que el plenario la interrumpiera con aplausos en varias ocasiones. “Sentir Sevilla”, el lema de su candidatura, afloró cada dos por tres a lo largo de una intervención que despegó con un “hoy vamos a ganar todos los socialistas de Sevilla, porque hoy va a ser un congreso de la militancia”.

Claro lo tuvo desde mucho antes, desde luego, cuando en la antesala del congreso, al cruzarse con su contrincante en las dependencias del hotel aledañas al salón del plenario, Limones le espetó un “Suerte, Susana” y, sin pensárselo dos veces, la ex secretaría de organización del partido a nivel regional le respondió: “Suerte, sí, pero te voy a ganar”. Ya a esas horas, cuando aún los delegados no habían terminado de ocupar sus asientos, fuentes del partido nos habían confirmado que la delegación de Juventudes Socialistas llegaba fracturada, como era de esperar, con 14 votos favorables para la candidatura oficialista y 5 para la crítica.

Susana Díaz apostó por impulsar el cambio que “nos están reclamando los ciudadanos desde las calles” y que se manifestó claramente en el resultado de las elecciones autonómicas del pasado 25 de marzo, cuando “en una situación adversa, durísima, con muchas familias pasándolo mal, los andaluces volvieron a darnos la confianza para poder gobernar Andalucía”. “Gobernad, pero cambiad y sed diferentes a la derecha” es el mensaje esencial que, según ella, se desprende del resultado de aquellos comicios.

En el que denominó “el congreso del cambio y de la paz”, Díaz desbrozó una dura crítica a “una derecha que no reconoce el 78 y que ha roto el pacto constitucional” y una defensa apasionada del municipalismo, porque “en 30 años los pueblos de Andalucía han cambiado más que en tres siglos”. Un municipalismo en igualdad, sin distinciones de pueblos grandes o chicos.

Además apostó por un partido abierto a la sociedad a la que aspira a representar, “porque la gente quiere que cambiemos con ellos”, un partido “compartido entre nosotros y con millones de personas de este país que nos lo piden a diario”.  Y la mejor manera de hacerlo, a su entender, es potenciando las Casas del Pueblo, “el elemento a proteger, lo que nos une con el pueblo”, por eso se comprometió a que, si sale elegida secretaria general, “no se cerrará ni una sola casa del pueblo en la provincia”.

En el “tiempo nuevo para el PSOE” que aspira a impulsar, concepto que resucita aquel discurso de Carmen Chacón en el 38 Congreso Federal, prometió un consejo de alcaldes y alcaldesas, “porque son el corazón de la política”, y defendió “un partido sin cuotas, porque el PSOE de Sevilla es de su militancia”. Después apoyó el papel de Pepe Griñán y su proyecto, del que se declaró orgullosa de formar parte y concluyó su intervención en medio de una atronadora ovación del plenario puesto en pie casi por completo.

Muy distinto al de su presentación en la sede provincial del partido, Antonio Gutiérrez Limones ascendió a la tarima con un aura que anticipaba una derrota de la que él mismo, a tenor del discurso pronunciado, tenía más que prevista.

El inicio de su alocución, “con un sentimiento de responsabilidad y al mismo tiempo de ilusión y de grandeza”, fue clavado al de su puesta en escena en la calle Luis Montoto de Sevilla, al recordar que “Susana Díaz Pacheco es mi compañera de partido, mi adversario es el Partido Popular y mi enemigo el paro, los desahucios y las injusticias”, una idea, la de la unidad, que formaba parte de su lema -“Junt@s somos más- y que recalcó a lo largo de todo su turno de palabra, al afirmar que “si queremos hacer un proyecto compartido tenemos que hacerlo todos juntos y a la vez”.

Limones quiso dedicar los primeros minutos de su discurso a recordar los inicios históricos del PSOE y sus valores, como una especie de símbolo que a los socialistas conviene tener siempre presente. “Un partido no son sus dirigentes y sus cargos orgánicos, ni siquiera su militancia, sino el conjunto de valores de todas estas personas que los comparten”, aseveró entre aplausos.

A partir de ese punto, el alcalde alcalareño se sumergió, como Díaz, en un análisis de las causas de la peor derrota nacional del PSOE en su historia, que responde a que “los ciudadanos hoy se sienten desesperanzados, en la desesperanza más absoluta, en la angustia vital, y cada vez más alejados de los partidos, de los políticos y de las instituciones”.

Por ello, Limones consideró que “tenemos que ser capaces también de acercarnos y escuchar a los ciudadanos” y de, como también apuntó su adversaria, “hacer un diagnóstico crítico de la sociedad a la que queremos representar”, porque “se trata de abrir las ventanas, no sólo para que entre aire limpio, sino para poder acercarnos a nuestros vecinos”.

Llegados a este punto, en el ecuador de su discurso, el candidato crítico comenzó a divagar por cuestiones que, como en el caso de Chacón en el 38º Congreso Federal de febrero, más tenían que ver con un mitin electoral que con el ámbito municipal, y por momentos ni siquiera con la clave interna. Algo alejado de la clarividencia que mostró en su presentación y que mantuvo al auditorio en silencio durante bastantes minutos, sin un solo aplauso que interrumpiera su habla.

“Hay que construir un proyecto con cimientos fuertes, basado en el municipalismo, porque es el proyecto de la cercanía”, sostuvo más adelante para volver al hilo de la clave interna y provincial, tras lo cual expuso que “soy hijo de madre de Montellano y de padre de Coripe, de pueblo”, una confesión que dejó en el plenario murmullos de desconcierto por no saber a dónde quería llegar Limones. Pronto lo desveló, cuando preguntó “por qué nunca puede ser secretario provincial alguien que sea alcalde de un pueblo y no de la capital”, una cuestión que, esta vez sí, arrancó fuertes aplausos, entre los cuales Limones proclamó con voz rotunda que “no es verdad el debate entre pueblos grandes y pueblos chicos”.

Si bien casi al final de su intervención, el alcalde de Alcalá sacó a escena algunas de las propuestas que ya en su presentación sugirió para la nueva ejecutiva provincial, en la cual aseguró que “la mayoría tiene que ser de alcaldes y concejales”. Además, volvió a plantear que “debe haber un consejo municipal, donde todos los alcaldes y todos los portavoces de la oposición vamos a hablar de tú a tú”, al tiempo que prometió, en caso de resultar elegido secretario general, que “me sentaré con el presidente de la Diputación, mi amigo Fernando, y le plantearé una convocatoria pública para todas las opciones políticas, para que a los municipios pequeños que no puedan pagar la Diputación les dé dinero, pero para trabajar en su pueblo, con su gente”.

Por otro lado, en el discurso se echó de menos la primera de las iniciativas que Limones presentó en la sede provincial de Luis Montoto: la creación de una Agrupación Municipal en la capital. Según fuentes del partido consultadas tras hablar los candidatos, la creación de dicha agrupación no conviene a los críticos, ya que ahora también carecen de mayoría en la ciudad de Sevilla.

En un intento de dar a su alocución un colofón emotivo y de arrancar algunas ovaciones a un plenario enfriado, Limones acabó haciendo referencia a “una pequeña historia que le conté a Zapatero” sobre la amistad, a citas de Octavio Paz sobre la libertad y apelando a diversos valores en una suerte de disertación de tono pretendidamente épico que evidenció lo que el resto del discurso: que el alcalde alcalareño afrontaba el congreso con los brazos caídos.

Limones había bajado hasta casi un susurro la voz que un segundo antes había sonado atronadora, y así concluyó su discurso, casi por sorpresa, con el público vacilando entre incorporarse y aplaudir o quedarse sentado.

[Más fotos del Congreso Provincial del PSOE de Sevilla en nuestro Flickr]

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