“Después de esto, las ampollas no duelen”

J. Cerero / L. Contreras / J. Rodríguez / G. Verdugo | El asfixiante calor del mediodía sofocaba el hormigueo de gente que deambulaba ajetreada por la rotonda del Hospital de Valme, en Bellavista, junto al campo de fútbol donde disputa sus partidos el equipo del barrio. Un impresionante cordón de vehículos policiales, que circundaba la isleta y se extendía a lo largo de todo el bulevar, recibía a quien quisiera acercarse a la parada que en aquel lugar efectuó ayer la marcha del Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT) antes del planeado y deseado final de etapa en la ciudad de Sevilla.

A esas mismas horas de la víspera, en Dos Hermanas, una veintena de sindicalistas asaltó un supermercado de una cadena alemana como muestra de rechazo a la visita de la canciller alemana Angela Merkel. La acción sorpresa tuvo como consecuencia la detención de nueve sindicalistas, como confirmó después Néstor Salvador, militante del SAT y miembro del servicio de organización de la marcha que ya ha sido detenido en dos de estas escaramuzas (una en el Mercadona de Écija y otra en Málaga), por las que se enfrenta a una petición de 2 a 5 años de prisión por robo con fuerza, agresión y desórdenes públicos.

En el aire resonaban las consignas de los responsables de la organización intentando situar a la gente y minimizar el caos que pudiera producir la parada. La expectación era evidente sólo con comprobar la cantidad de gente que se acercaba para manifestar su apoyo y compartir un rato con los jornaleros, que andaban desperdigados por los alrededores, portando refrescos y botellas de agua, un bocadillo o un plato de la paella que había cocinado Ángeles, una voluntaria de 84 años residente en Bellavista que no pudo degustar su obra: “No he tenido tiempo con tanto revuelo”.

Un reguero de rostros cansados y sofocados por el sudor y el esfuerzo de tanto días de marcha serpenteaba por los alrededores en busca de una sombra bajo la que guarecerse. Algunos aprovecharon la de los aparcamientos adyacentes del hospital y otros la de las techumbres del campo de fútbol y las del colegio Lora Tamayo, que les abrió sus puertas para que pudieran descansar antes de la reanudación. Unos echaron una siesta sobre un puñado de cartones o sobre la bandera que luego portaron durante la marcha; otros se sentaron a relajar las piernas, hacerse fotos y conversar en grupo sobre los avatares que han vivido durante estos días.

[Declaraciones de Pepe Caballero, secretario de Organización del SAT]

A ocho kilómetros de la Plaza de España

Al filo de las seis menos cuarto de la tarde, con el calor cayendo a plomo sobre el asfalto, la marcha reanudó su recorrido tras haber recibido las instrucciones previas de los responsables de la organización, que pidieron a través de los megáfonos que no hubiera agresiones verbales o físicas y que no se respondiera a las provocaciones. En la cabecera pudo verse al secretario general del SAT, Diego Cañamero, pero no a Juan Manuel Sánchez Gordillo. El alcalde de Marinaleda y diputado por IU no estuvo presente en esta última etapa porque, según dijeron los suyos, “estaba agotado y se marchó a descansar”.

Desde balcones y azoteas, los vecinos de Bellavista despidieron entre aplausos a la columna humana que, concentrada en un carril de la avenida principal, transcurrió por fin hasta la capital. Quedaban unos ocho kilómetros por delante de calor sofocante en los que hubo tiempo de recordar anécdotas de días anteriores que hablaban de muestras de apoyo y gestos solidarios, como la que compartió Alejandro Rodríguez, sevillano de 29 años, sobre el saludo emocionado de un hombre mayor que asistió al paso de la marcha desde el portal de su casa o el merendero improvisado que montaron los vecinos de un pueblo granadino en la plaza principal.

Detrás de los rostros cansados, algunos incluso tostados por el sol después de varios días, los ánimos de compromiso se mantenían “fortísimos”, como horas antes había expresado Cañamero, durante el descanso a media mañana.

El inicio del largo trayecto hasta Sevilla se produjo con gritos que recordaban a las manifestaciones del 15M. “Tenemos la solución, los banqueros a prisión” o “La crisis que la paguen los capitalistas” se mezclaban con el Himno de Andalucía interpretado a golpe de gaita y con otra reivindicación ya casi olvidada: “Reforma agraria, ahora”. También la defensa del orgullo de la profesión: “No somos marqueses, tampoco banqueros. Somos jornaleros”.

Mientras tanto, al avanzar por uno de los carriles de la autovía y dejar el otro casi en exclusiva para la larga hilera de furgones de la policía que custodiaban la marcha, cada supermercado o comercio que se encontraba a lo largo del camino estaba custodiado por dos agentes uniformados que contemplaban el paso de la comitiva desde la lejanía.

Durante todo el recorrido, grupos de personas se acercaron al arcén a manifestar su apoyo aplaudiendo, levantando el puño al aire o, los más decididos, sumándose a la comitiva con su propia bandera, sin importar las siglas. Los coches que circulaban en sentido contrario hacían sonar sus cláxones y sus conductores sacaban los brazos por la ventanilla con el signo de la victoria o izando el puño cerrado, al tiempo que ralentizaban curiosos la marcha para ver con detalle a los componentes de tan peculiar cortejo. Los de organización se esmeraban componiendo las largas hileras de botellas de agua sacadas de una de las furgonetas de apoyo y colocadas una tras otra sobre el asfalto a ambos lados de la carretera.

El encargado de la animación a través de la megafonía, consciente de que el calor y el cansancio acumulado estaban ya surtiendo sus efectos, no cesó de insuflar ánimos a los caminantes dada la inminente cercanía de la ciudad y la comitiva que los esperaba al inicio del Paseo de la Palmera. Miguel Ángel Vázquez, periodista y monitor de patinaje en el Club Patinadores de Sevilla, comentó a sevilla report que “el ánimo no ha decaído nunca, salvo por el cansancio y por la dureza de las distintas etapas”. Él estaba haciendo trabajos solidarios en la República Dominicana durante sus vacaciones y nada más regresar, el 28 de agosto, se incorporó a la marcha por la provincia de Cádiz.

Miguel Ángel Vázquez

Miguel Ángel no es militante del sindicato, aunque lo conoce de acciones anteriores, pero su determinación por apoyar este tipo de protestas le hizo participar en todas las marchas salvo la de Jaén. “Las etapas más duras han sido las de Málaga -cuenta- por culpa de la Subdelegación del Gobierno, que denegó el itinerario que le propusimos y nos obligó a entrar en Málaga desde los montes”.

Su valoración de la experiencia fue positiva en general, sobre todo en lo concerniente a la gente que se ha ido sumando y se ha solidarizado con el movimiento, “lo que te hace sentir que no te puedes ir, que tienes que estar aquí hasta última hora”. Según su relato, ha habido pueblos que los han recibido con las puertas abiertas y otros en los que “ha cundido la campaña del miedo”, que los recibieron incluso con las persianas de las casas echadas a cal y canto, “como si fuéramos delincuentes pasando por allí”.

Algo similar narró Feliciana Mora. Cofundadora de CCOO en Cataluña, esta toledana de 71 años encontró en la eclosión del 15M el momento para dejar de apostar por un sindicato al que considera “derechizado”. Desde entonces, y junto a su marido Gregorio, aseguró no perderse una movilización social como ésta. Ha participado en las marchas que ha organizado el SAT en Málaga, Cádiz, Granada y Córdoba. Precisamente en esta última provincia fue testigo de un acontecimiento que coincide con lo expresado anteriormente por Vázquez.

Con todo ello, ambos se quejaron de que esta movilización ha quedado reducida en la cobertura informativa a las acciones simbólicas, a través de ocupaciones pacíficas de supermercados y bancos, y al protagonismo de sus líderes. Según aseveró Miguel Ángel, que también es periodista, los medios que trabajan de ese modo, “refuerzan las estructuras de poder para marginar este movimiento”. Tanto el dirigente sindical Diego Cañamero como Sánchez Gordillo han aprovechado el espectáculo televisivo para lograr romper el silencio mediático de una lucha jornalera que lleva años en pie, pero Feliciana afirmó que “es la lucha de Sánchez Gordillo y de mucha gente más”.

Sevilla, horizonte y final de la jornada

Atrás quedaron más de 300 kilómetros en largas jornadas a pie, casi sin descanso, por toda la geografía andaluza. Incluso las más duras, como la de Málaga, de 28 kilómetros, dejaron de pesar por un momento para alguien como Pepe Caballero, el secretario de Organización del SAT, al ver cómo cientos de personas concentradas con pancartas en la Glorieta del Plus Ultra, junto al Estadio Benito Villamarín, rompieron en aplausos y se sumaron al grupo en la recta final del trayecto. “Después de esto, las ampollas no duelen”, dijo emocionado.

La Plaza de España se convirtió en el escenario del colofón final. Amenizada con las voces de la cantautora Lucía Sócam y del grupo flamenco Gente del Pueblo, culminó una marcha que, durante 20 días, ha llevado de pueblo en pueblo la palabra dignidad.

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