Protesta en Tres Barrios contra los recortes en Servicios Sociales: “Nos están matando poquito a poco”

La tarde de ayer en Sevilla, con un sol de 40 grados escondido detrás de un ligero velo de nubes, presagiaba ese verano del membrillo del otoño que ya casi llega, esa época de calor que insiste en perdurar a destiempo, como los azulejos con símbolos falangistas en los letreros de las calles y los bloques de los Tres Barrios.

En una de las plazas, junto al mercado de abastos de Las Candelarias, unas cincuenta personas se fueron reuniendo en cuestión de minutos para continuar la protesta contra los recortes en los servicios sociales municipales que se inició el pasado viernes en la Plaza Nueva.

La concentración fue convocada por los trabajadores de la Unidad de Trabajo Social (UTS) de Amate-Tres Barrios, que comprende una población de 32.000 personas, uno de los sectores más degradados y dependientes de la atención social, y que, junto con Torreblanca, El Vacie y los Polígonos Norte y Sur, es uno de los afectados por el fin del Programa de Zonas con Necesidades de Transformación Social, previsto para el próximo día 30 de septiembre.

Precisamente, y a pesar de que la concentración se había realizado sólo en Tres Barrios por iniciativa de los empleados de esa UTS,  dos de ellos dejan claro que “estamos enfadados pero no porque nos vayamos a la calle, sino porque se está recortando en los barrios más necesitados de toda Sevilla”, algo que va a suponer que “personas de tercera edad, mujeres, menores, desempleados y los colectivos que lo están pasando peor con la crisis” pierdan “sus derechos sociales”.

Algunos policías avisan a los trabajadores de que la protesta no puede realizarse por no tener permiso

El colectivo de trabajadores, que insiste en que “no estamos politizados, no tenemos apoyo de grupos políticos ni de sindicatos”, insiste en salir a la calle a denunciar esta política para que “la gente tome conciencia de lo que van a suponer estos recortes”. Sin embargo, cuando se le preguntó por la reacción de los vecinos al presidente de la Asociación de Vecinos Tres Barrios, Salvador Muñiz, nos instó, con gesto entre la decepción y la incredulidad, a que miráramos alrededor.

Junto a las varias pancartas desplegadas había medio centenar de personas, quizá menos, la mayoría trabajadores de la UTS, cuya identidad, por otra parte, demandaban varios policías que se habían desplazado hasta el lugar para controlar una reunión pacífica y en ningún punto numerosa. Muñiz reconoció con pena que “la verdad es que estamos un poco apáticos también”, a pesar del pasado de lucha del barrio, al tiempo que “echo de menos a mucha gente joven”, si bien achacó esta falta de movimiento a que los chavales “no tienen alternativa ni nada”.

Lo cierto, no obstante, es que el paro -que llega al 60% en estas barriadas- hace que el desánimo esté presente sobre todo entre las madres. Mientras Muñiz explicaba el problema del desempleo creciente en Tres Barrios, María apareció por detrás para apostillar que “y más va a crecer, porque van a cerrar la Escuela-Taller San Fernando”, en la que su hijo es uno de los 65 alumnos que realizan cursos y que deberán cesar en esta tarea a causa de los recortes.

Lectura del manifiesto de los trabajadores, como cierre de la protesta

“Salen los de pintura, los de carpintería metálica, los de jardinería que ya han salido y los de energía solar; todo eso se clausura y van todos a la calle”, confesó entre la indignación y la desesperanza, y a continuación añadió que “se quedan sin finiquito y sin derecho a nada, y a cuentagotas que le van dando ese poquito sueldo de 622 euros, así que a ver qué hacemos ahora las cabezas de familia sin ese único dinero que entraba en nuestras casas”.

Por otro lado, Francisco Ledesma, presidente de la Asociación de Vecinos Santa Teresa, que también conduce el economato social del barrio, mostró su descontento ante el fin de los programas sociales en la zona, especialmente por la colaboración que mantenían la UTS con el propio economato y otras entidades como Cruz Roja, el Banco de Alimentos y ONGs que intervienen entre la población mediante el voluntariado.

Transcurrida una hora desde el comienzo del encuentro, una de las trabajadoras de la Unidad ascendió a un banco y leyó el breve y claro manifiesto que los trabajadores han redactado, su voz mezclada con los gritos y las risas inocentes de varios niños pequeños que jugaban en los columpios cercanos, ajenos a la realidad de un barrio que pronto será también la suya.

En breves minutos todas las voces cesaron y las pocas personas que habían desafiado a la canícula de septiembre ya se habían marchado. La plaza y las calles de Las Candelarias quedaron de nuevo desierta y silenciosa, y una vez quedaron solamente este calor pegajoso del membrillo y los letreros viejos, únicos testigos del devenir de un barrio y su miseria reflejada en las paredes desconchadas.

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