La Ley del Silencio

Juanjo Cerero | No ha colado. El Gobierno y los medios de comunicación han hecho todo lo posible durante semanas para intentar que el silencio reinara en Madrid en el día de hoy. A Julio Somoano, el nuevo director de informativos de RTVE tras su paso por Telemadrid (qué sorpresa), le recordaremos por hacer lo que parecía imposible: que la crisis económica española en un día en que la prima de riesgo superaba los 600 puntos ocupara el séptimo lugar en importancia en el informativo de sobremesa -¡por poco ni lo sacan en titulares!-. Incluso muchos de los que apoyamos la convocatoria del 25S dudábamos de la eficacia de la convocatoria: tras el ir y venir de hace unas semanas con respecto a los que firmaban el manifiesto del 25S y el programa ideológico del mismo, y que se acabara organizando un “cordón” alrededor del Congreso con las consiguientes dudas sobre el valor a estas alturas de actos simbólicos como ése, la cosa no pintaba muy bien.

Pero si hay algo capaz de sorprender a un cínico es una persona honesta. Muchas personas honestas de Madrid le han dado hoy una grata sorpresa a este cínico que les escribe. Y, como suele ser habitual, para dejar en ridículo a la obsoleta maquinaria del Estado español no hace falta más que dejarlo estar. Sólo hay que estar allí para verlo. Las cámaras tienen, una vez más, la función primordial de ser el foco de luz que sigue a las cucarachas mientras huyen, como diría Ryszard Kapuscinski. Y la maquinaria ha vuelto a dejarse en evidencia: circulan por Internet vídeos de hombres encapuchados que al comienzo de las revueltas ejercen acción violenta con los manifestantes; pocos minutos después, esos mismos hombres ayudan a agentes de policía a detener a uno de ellos. Por no mencionar a las más de 60 personas heridas, 27 de ellas policías. Le hace a uno preguntarse quién sería el maestro del humor que decidió que había que llamarles anti-disturbios. A mí me parecen bastante pro-disturbios, muchas veces.

No debería, desde luego, sorprendernos. No creo que haya una sola manifestación grande en España que no sea sistemáticamente reventada por policías encubiertos. Y esto conlleva un peligro importante. El interés por parte del Estado en criminalizar todas y cada una de las expresiones multitudinarias de la voluntad de una parte importante del pueblo español no es ni mucho menos casual. Su efecto tampoco: la deslegitimación de la actividad política fuera de los “cauces habituales”. Cuando se demoniza sistemáticamente a las personas que usan la calle como plataforma política –con todo lo que ello conlleva- y se ofrece el Parlamento como único espacio posible a la vez que ese espacio se le niega a la mayoría de los ciudadanos, la única reacción que acaba quedando, a la desesperada, es la de que la calle se líe a porrazos. El Gobierno y los medios de comunicación tendrán que esforzarse en el futuro para intentar mantener el silencio: no sirvió la polvareda del caso Bolinaga, no ha servido la gran polvareda de la “secesión” catalana. Madrid estuvo ahí.

Mientras tanto, en Telecinco, Jorge Javier Vázquez entrevistaba a unas fans de Sergio Dalma.

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